
Mucho se ha dicho en los medios en las últimas semanas alrededor del tema de los abusos sexuales a menores de edad por sacerdotes, incluso el Papa Benedicto XVI señaló que ésto provocó que la Iglesia admitiera que su mayor amenaza proviene del pecado dentro de la Iglesia, de los pecados que existen en ella, donde el perdón no sustituye a la justicia, dejando entrever que las autoridades seculares serían las indicadas para sancionar esas conductas. El Papa ha aceptado dimisiones de obispos acusados de haber abusado sexualmente de menores, incluso algunos lo han admitido, otro obispo dejó la orden por no haber detenido los abusos de sacerdotes en Irlanda mientras estuvo a cargo.
Ante la crisis evidente de la Iglesia Católica, otra reveladora verdad fue manifestada por Benedicto XVI, quien señaló que la Iglesia tiene una necesidad muy profunda de volver a aprender la penitencia, aceptar la purificación, aprender el perdón y la necesidad de justicia; palabras que deben analizarse detenidamente porque en una primera lectura no son claras del todo, pero vuelve a enfatizar el reconocimiento; no es ajeno al Papa y a la Iglesia recibir constantes ataques, pero en el escenario actual se muestran vulnerables.
Los conflictos internos muestran las debilidades en la construcción de una Institución forjada hace más de dos mil años, que guió gran parte del desarrollo de la humanidad, fungiendo como autoridad moral, la ruptura al interior a lo largo de su historia y los excesos y faltas a los principios fundantes del dogma por parte de algunos de sus integrantes, han orillado a la Iglesia a desdoblarse en el momento en que casi todo lo instituido está en crisis, aceptando la responsabilidad y ofreciendo una renovación. Las nuevas relaciones Iglesia-Estado, como señaló el sumo pontífice, se basarán en la apertura de la Iglesia a colaborar con aquellos que la busquen con fines amistosos, negando una confrontación de laicos y religiosos.
Vale la pena tomar el ejemplo de la Iglesia Católica que no tuvo miedo de enfrentarse a sus propios problemas, se ocupó primero en reconocerlos y ofrecer alternativas en una nueva idea, dejando atrás las prácticas milenarias y el oscurantismo, dando cabida a la máxima publicidad de sus políticas futuras.
Francisco Daniel

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