domingo, 9 de mayo de 2010

Después del réquiem, una forma sutil de publicitarse

Cuántas veces al leer el periódico, pasamos las páginas y vemos las esquelas, para algunos no tienen mayor trascendencia porque hacen del conocimiento público que alguien falleció, además de las implicaciones jurídicas del hecho, no habría más para detenerse en esos mensajes, pero otros ven un nicho de oportunidad, un espacio publicitario con fines diversos, ¿es válido usar la desgracia ajena para aparecer en el escenario? la práctica habitual aprueba aparentemente el envío de mensajes por esta vía.

Esta reflexión nació en la semana, escuchando en el radio que un artista visual presentaba entre sus obras, una del tamaño de un muro, con los recortes de las esquelas que se publicaron en los periódicos de mayor circulación cuando falleció Mónica Pretelini, esposa de Enrique Peña Nieto, los periódicos según el entrevistado tuvieron un tamaño y peso inusual; recordamos otro trágico suceso en el que se presentó el mismo fenómeno fue la muerte de Juan Camilo Mouriño.

Parecieran Funky Business o Funky Politics, porque en esta práctica es fácil observar y clasificar a los participantes, que buscan mostrar el tipo de relaciones que tenían con el fallecido o con los cercanos al mismo; el tamaño de la esquela es revelador, así se muestra el interés de hacerse presente y mostrar la magnitud de la cercanía, entre más grande sea el tamaño se pretende mostrar el grado de interés o la mayor cercanía; también se hacen evidentes las relaciones entre políticos de alto nivel y los empresarios más poderosos, la lista de los contratantes de éstos espacios suelen ser personajes y familias, empresas y grupos empresariales, agrupaciones profesionales o sindicales, gran parte de los órganos estatales, los tres poderes tradicionales en los diversos niveles de gobierno y todos aquellos que quieran aparecer en la vitrina.

Pareciera que los grupos dominantes de la vida pública del país utilizan las tragedias para autopromoverse con recursos públicos o de una empresa a título personal con diversos fines, en el contexto de la posmodernidad parece una práctica retrógrada cercana a la rapiña, pero aprobada por la economía en ese mismo contexto.

Francisco Daniel

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